A los analistas políticos se les exige habilidades de vidente. La tentación de la “futurología” es grande en un medio caracterizado por la poca rigurosidad, el “wishful thinking”, y la improvisación. Los analistas somos –me incluyo—observadores precarios de la realidad desde subjetividades diferentes. Entre los aprendices de brujo locales encontramos: viejos políticos izquierdistas reciclados como objetivos comentaristas, abogados lobbyistas que delatan públicamente sus intereses a través de sus columnas, y académicos y profesores universitarios que se dirigen a las masas como si éstas fueran sus colegas de cafetería central a la hora del almuerzo.
Evidentemente los super poderes no existen, lo cual nos lleva a la enumeración penosa de lugares comunes que ante su empleo excesivo no dicen nada. Algunos ejemplos de las primicias-Lalo-Archimbaud son: “no descartemos la emergencia de un outsider”, “todos los candidatos buscarán llegar a la segunda vuelta”, “la segunda vuelta polarizará al país”, “hay un voto anti-sistema en el Sur Andino”, “los sectores populares definirán al ganador”, “el que se ubique al centro se alzará con la victoria”. Estas apreciaciones de paporreta no dicen nada si no se precisan: ¿qué es un outsider?, ¿qué es anti-sistema?, ¿qué es polarización?, ¿qué son los sectores populares?, ¿qué es el centro político?; definiciones que los analistas solemos dar por supuestas, pero que al no precisarlas suman más confusión.
Se viene año y medio electoral, lo cual demandará una mayor participación y sobreexposición de analistas, presionados por el comentario inteligente. ¿Bastará el olfato político de un viejo zorro que nunca ganó una elección. ¿Serán suficientes los datitos tras bambalinas que proveen nuestros amigos periodistas bien informados? ¿Podremos aplicar las teorías políticas europeas y gringas a nuestra realidad cumbiambera? Prepárese, estimado lector, para el desfile de análisis floridos y errores gigantescos. Desconfíe de los analistas. Créales poco. Comenzando por éste, su servidor.
Pero entonces, ¿la predicción política es una práctica sinsentido? No necesariamente si se hace con cautela y seriedad, virtudes que lamentablemente no abundan. La competencia electoral no sólo será entre candidatos, sino entre tres “escuelas” de análisis –si se puede forzar el término—: la experiencia del político que perdió todo menos su columna, la información privilegiada de los desayunos de La Baguette, y la teoría política de gurús de nerds (como Przeworski y Kitschelt) sazonada con estadísticas electorales. Veremos quienes podrán aproximarse mejor al comportamiento político del “incomprensible” cholo promedio.
Publicado en Correo, 26 de Diciembre del 2009.
Evidentemente los super poderes no existen, lo cual nos lleva a la enumeración penosa de lugares comunes que ante su empleo excesivo no dicen nada. Algunos ejemplos de las primicias-Lalo-Archimbaud son: “no descartemos la emergencia de un outsider”, “todos los candidatos buscarán llegar a la segunda vuelta”, “la segunda vuelta polarizará al país”, “hay un voto anti-sistema en el Sur Andino”, “los sectores populares definirán al ganador”, “el que se ubique al centro se alzará con la victoria”. Estas apreciaciones de paporreta no dicen nada si no se precisan: ¿qué es un outsider?, ¿qué es anti-sistema?, ¿qué es polarización?, ¿qué son los sectores populares?, ¿qué es el centro político?; definiciones que los analistas solemos dar por supuestas, pero que al no precisarlas suman más confusión.
Se viene año y medio electoral, lo cual demandará una mayor participación y sobreexposición de analistas, presionados por el comentario inteligente. ¿Bastará el olfato político de un viejo zorro que nunca ganó una elección. ¿Serán suficientes los datitos tras bambalinas que proveen nuestros amigos periodistas bien informados? ¿Podremos aplicar las teorías políticas europeas y gringas a nuestra realidad cumbiambera? Prepárese, estimado lector, para el desfile de análisis floridos y errores gigantescos. Desconfíe de los analistas. Créales poco. Comenzando por éste, su servidor.
Pero entonces, ¿la predicción política es una práctica sinsentido? No necesariamente si se hace con cautela y seriedad, virtudes que lamentablemente no abundan. La competencia electoral no sólo será entre candidatos, sino entre tres “escuelas” de análisis –si se puede forzar el término—: la experiencia del político que perdió todo menos su columna, la información privilegiada de los desayunos de La Baguette, y la teoría política de gurús de nerds (como Przeworski y Kitschelt) sazonada con estadísticas electorales. Veremos quienes podrán aproximarse mejor al comportamiento político del “incomprensible” cholo promedio.
Publicado en Correo, 26 de Diciembre del 2009.
Unas cuantas "predicciones" (¿cumplidas?) de este servidor durante los últimos meses:
Javier Velásquez Quesquén: Algunos le dieron pocos meses; yo creo que tiene futuro político.
Yehude Simon: A pesar de sus esfuerzos, siguió siendo un "imán" de conflictos.
Carlos Arana: Todos se fijan en Marco, pero el "sorprendente" Arana se llama Carlos.

