Monday, June 18, 2012

Polarización sin partidos


Luego de la apertura del régimen en el 2001, la división política en el Perú se volvió ideológica. Ya no se trata de una pugna entre demócratas y autoritarios, ni entre cívicos-manos-blancas y clientelas políticas. El crecimiento económico sin redistribución ha construido dos bloques que se imaginan irreconciliables: los que defienden el establishment y los que protestan por la insatisfacción postergada (una vez más). Hasta la fragmentación legislativa se explica a nivel programático. Los tránsfugas del ayer –billete encima de la mesa— han dado paso a los nacionalistas renunciantes por convicciones políticas. El Perú Avanza: de Beto Kouri a Verónika Mendoza.

En un escenario sin partidos, las posiciones ideológicas tienden a polarizarse. Pecaré de reduccionista: la derecha encuentra en los medios de comunicación a sus voceros, a la izquierda solo le queda la movilización popular. Los grupos empresariales cabildean con los tecnócratas-Mad-Men del MEF. Le temen más a la renuncia de Castilla que a una arenga de Gregorio Santos. Mientras que la protesta social es el lobby de los pobres. Los primeros caen fácilmente en la agenda de los más represores, los segundos en la de radicales extremistas.

La falta de inteligencia azuza las contradicciones. Los “defensores” del modelo buscan deslegitimar cualquier demanda social tildándola de “senderista”. Los “perros del hortelano” ven a Humala como un “capturado” más por los poderes fácticos fujimoristoides. No hay diálogo posible porque el país se convierte en el reino de la manipulación. “Los azuzadores manipulan a los pobres marginados; métanlos presos”, dicen en la televisión por cable; “Los medios capitalinos manipulan a los citadinos; son unos corruptos”, dicen en las redes sociales. El presidente Humala toma posición agudizando el disenso: prefiere perder el cariño popular y recibir el espaldarazo de aprobación de los Dueños del Perú Mining Company.

¿Cómo salir de la situación de intransigencia? Para algunos, como Martín Tanaka, es necesario reactivar un centro político (o centro-izquierda). Pero, una posición de este tipo sería una más en el diálogo de sordos. Se requiere bajar la intensidad de los extremos, no crear una posición inocua. Para otros, como Steven Levitsky, quedan dos caminos en una democracia con conflictos: tolerar la violencia o cooptar “peronistamente” a los opositores. Para lo primero requieres de cuadros políticos, para que la situación no se te vaya de las manos; lo segundo te lleva a una vía fujimorista… y ya tú sabes cómo termina.

Insisto en que la salida depende de la capacidad de iniciativa política del inquilino de Palacio. Es decir, dar un paso más allá del entrampamiento suicida entre La Gran Transformación y la Hoja de Ruta. Humala debería trascender el trastorno de personalidad múltiple que él mismo ha creado con su dilema “polo blanco, polo rojo”.  Olvidarse del glosario electoral y poner los términos de una agenda política que desarticule a los actores polarizantes (a ambos extremos, perdonen la redundancia). No hay gobernabilidad con polarización. Ya sabe Usted, Presidente, por dónde empezar.

Publicado en El Comercio, 12 de Junio del 2012.

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