Friday, September 7, 2012

Caviares


¿Alguna vez ha subido a su página de Facebook alguna noticia sobre conflictos sociales y ha comentado algo así como “!ay país cómo me dueles!”? Si es así, usted es potencialmente lo que un gran sector de políticos y periodistas llaman “caviar”. El término es una de las mejores “chapas” de la política contemporánea (la “DBA”, acrónimo de “Derecha Bruta y Achorada”, es poco sutil) porque sintetiza el estereotipo sobre un sector político progresista cuyas fuentes cotidianas de indignación no siempre guardan relación con conductas coherentes en la práctica.

La semana pasada uno de los magistrados de la Corte Interamericana de Derechos Humanos –intentando solapadamente contener la risa-- preguntó sobre el significado del término. Que su mención haya llegado a uno de los foros más emblemáticos de la agenda de derechos humanos evidencia que esta denominación se ha impuesto en la lucha por las ideas en nuestro país.

El apelativo “caviar” es muy poderoso porque resume no sólo una posición política (liberalismo político, prioridad por defender las instituciones democráticas, discurso de respeto a la ciudadanía, preocupación por la desigualdad social y económica) sino también un status de clase que va de la mano con un estilo de vida acomodada. Implica un desviado sentido de la realidad, que se trasluce por ejemplo cuando no pueden comprender por qué la mayoría de sus conciudadanos votan sin pesar -y hasta con fe- por un Fujimori o por un militar de dudosa credencial democrática. 

El “caviar” dice luchar por igualdad de clases, pero no se da cuenta precisamente de su sesgo clasista. Pugna por combatir la intolerancia pero no se percata que su discurso también puede ser fundamentalista. Habla de pluralismo, pero siempre cree tener la razón. Puede ser más intolerante de lo que su espejo soporte. Quiere ganar el cielo pero no tiene los pies sobre la tierra. 

El término puede atravesar fácilmente preferencias políticas. De ahí sus derivados: “fuji-caviar” (progresista que colaboró “técnicamente” con el fujimorismo sin “comprometer sus valores democráticos”), “caviar de derecha” (adscribe posiciones de liberalismo político pero critica a sus pares de izquierda más militantes; no se ensucia las manos), “tecno-caviar” (tecnócrata que cree que conoce el mundo popular por las consultorías que hace).

Alberto Vergara considera que el uso extendido de esta categoría es ejemplo de un desierto político, sin debate programático, donde triunfa el “apanado” y “reina el palomilla”. Me parece todo lo contrario. Para empezar, las confrontaciones intelectuales más importantes en los ochenta dividían a la izquierda entre “libios” y “zorros”. Busque en la bibliografía de célebres lumbreras “progres” para ver con cuánta seriedad hacían referencia a estas “chapas”. En segundo lugar, su connotación política, ideológica, clasista, limeña y hasta racial (¿para ser “caviar” tiene que ser blanco?) habla de que la discusión política puede trascender el nivel elitista que defiende Vergara como único espacio deliberativo. 

Nota final: Si usted se ha indignado leyendo esta columna, ya sabe qué le dice su asistente a sus espaldas.

Publicado en El Comercio, el 4 de Setiembre del 2012.

2 Comments:

Anonymous I C said...

MEXICO.- Caviar Izquierda se define a sí misma como una revista-objeto de cultura contemporánea. A primera vista no parece una publicación cualquiera y tampoco quiero decir que lo sea, sus cualidades formales (papel, pasta dura y empaque), que la hacen ver más como un libro, convierten a Caviar Izquierda en un objeto de puro lujo coleccionable.

El nombre surge del término que se utiliza para referirse a personas que proclaman tener ideas izquierdistas, pero que gozan de una vida lujosa, es por eso que Caviar Izquierda es una declaración de identidad definida por la contradicción. Su público es justo aquél que disfruta de las diferentes disciplinas como la moda, música, arte, cine, critica, entre otras, pero que es capaz de entender las contradicciones que tienen las cosas; capaces de ver alguna disciplina desde el fuerte carácter sociológico hasta el más frívolo y superficial

October 1, 2012 at 6:09 AM  
Blogger Arturo Caballero said...

"Caviar", dice más de los que usan y colocan la etiqueta que de los etiquetados. Porque esta batalla de nombres para descalificar al adversario políticos sirven mucho la caricatura y la simplificación. La caricatura exagera los defectos, y por el contrario, en pocos trazos se pueden perder los matices. DBA y caviar entran en esa bolsa: son conceptos vacíos de matices que explican más la aversión de quien los utiliza para identificar a su rival de turno.
En los medios peruanos es bastante rentable recurrir a un término u otro porque quien los utiliza no tiene que esforzarse mucho, quizá nada, en explicar a qué se refiere. Bastará con invocar esas palabras y ya.
Quien utiliza caviar o DBA lo más probable es que les atribuya defectos que él supone no tener. O que ha descubierto que desplazándolos a otro puede zafarse fácilmente de ellos. Las características que señalas para definir a los caviares son extendibles a buena parte de la DBA: el pataleo cuando el triunfo de Ollanta y Villarán "cuando no pueden comprender por qué la mayoría de sus conciudadanos votan sin pesar…” y “un status de clase que va de la mano con un estilo de vida acomodada”. Por ello lo que defines como caviar no delimita nítidamente al sector progresista, sino que refuerza el lugar común que los columnistas de política, periodistas políticos algunos, politólogos los menos, usan a diario. Y el lugar común es un tipo de raro consenso inconsensuado, producto de una tácita aprobación, no discutida, que se endurece con el uso constante y por ello efectiva para descalificar.
La teoría, cualquiera sea su procedencia, no debería estar al servicio de estos lugares comunes.

October 5, 2012 at 6:07 PM  

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