Monday, March 7, 2011

Guate-Perú

Un gran sector de los científicos sociales nos ha vendido la idea de que el Perú es un caso único, incomparable, inédito. La "excepcionalidad peruana", suelen decirle. Suelen decir que Velasco, Sendero Luminoso, Alan García, por ejemplo, son fenómenos excepcionales y que no se puede explicar el devenir político del país sin atender a estos factores únicos en su especie (como si no hubiesen existido en otros países dictaduras progresistas, guerras civiles y líderes personalistas, respectivamente). Por el contrario, creo que precisamente la perspectiva comparada en el análisis político nos ayuda a desmitificar esta mala costumbre de mirarnos el ombligo con el chauvinismo propio de nuestra gastronomía.

Comparar el sistema político peruano con sus pares de la región andina ha sido una saludable costumbre de los últimos años. La ya clásica comparación Ecuador-Perú-Bolivia ha producido preguntas relevantes, como el porqué de la ausencia de un movimiento indígena en el país a diferencia de nuestros vecinos. Sostengo al respecto que Bolivia es nuestro contra-fáctico, la historia de lo que pudimos haber sido: un sistema económico anclado pero una representación política muy articulada. Con Ecuador compartimos la ausencia de un sistema de partidos, aunque ahí el vínculo políticos-electores se ha recompuesto a través del liderazgo mediático de Rafael Correa, una suerte de solución temporal a gruesos problemas de fragmentación (como el nuestro).

Hace unos días estuve en Guatemala haciendo entrevistas a políticos y analistas e intuyo que tiene la configuración partidaria más similar a la nuestra: democracia sin partidos, donde el partido de gobierno no tiene la capacidad de re-elegirse, con una volatilidad electoral que va de la mano con los cambios de camiseta de los dirigentes políticos. Evidentemente hay grandes diferencias (el alto nivel de fragmentación étnica y el impacto de los poderes ilegales que existen en el país centroamericano). Pero la dinámica política de organizaciones personalistas (la oficialista UNE, representada por Álvaro Colom y su esposa Sandra Torres; o el Partido Patriota, del ex militar Otto Pérez Molina) con escaso nivel programático o ideológico, y patrones de carrera política pragmáticos, se asemeja mucho a nuestros dramas contemporáneos.

No somos, pues, casos únicos ni anomalías. Inclusive saliendo de la región andina hacia lugares tan inesperados como Centroamérica, podemos encontrar problemas y retos compartidos. El impacto del narcotráfico en un sistema tan frágil como el guatemalteco hace que se esté a punto de tirar la toalla y que la amenaza de una interrupción democrática esté en boca de todos. Recordemos que, además, tenemos niveles de desafección por la democracia similares a la Honduras pre-golpe. Nuestra democracia en 10 años no se ha fortalecido. A tener cuidado: ausencia de partidos + narcotráfico + bajo apoyo al régimen es una combinación que no queremos conocer. No sigamos el camino de Guatemala a Guate-Perú.

Publicado en Correo, 5 de Marzo del 2011

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