Thursday, January 14, 2010

Encuestas


Las recientes declaraciones presidenciales sobre los resultados de una encuesta de 27 mil entrevistados ha generado encendidos debates sobre el origen y el financiamiento de dicho estudio de opinión, sobre la pertinencia técnica de una muestra tan amplia, y sobre los sesgos que podría causar una consulta realizada por militantes de un partido político. Lo que sin embargo no está en discusión es un tema de fondo: la utilidad de las encuestas para comprender el comportamiento político de los electores.

Considero que hay que partir de la premisa que la gente miente. ¿Por qué tenemos que suponer que las personas son sinceras, honestas y transparentes al momento de revelar sus preferencias políticas privadas? La gente desconfía, duda, y acomoda sus respuestas de acuerdo con las características del entrevistador. Mientras que los “especialistas” se amparan en el fetiche de un “margen de error estadístico”, poca o casi ninguna importancia se dedica a los errores no estadísticos, entiéndase los sesgos producidos por las características de los encuestadores (edad, raza, estatus social aparente), por la presión social a responder de manera “políticamente correcta” determinadas interrogantes, por la “obligación” de responder cualquier cosa en vez de un franco “no sé”. Lecciones históricas están frescas en nuestra memoria, como el recordado “voto vergonzante” fujimorista en la primera vuelta de las elecciones del año 2000.

Sin embargo, creo que el principal problema es la excesiva relevancia que le otorgamos a los datos de las encuestas. La información que proviene de este tipo de estudios de opinión produce la fotografía del momento de las preferencias electorales. Los sondeos electorales sólo nos indican la intención de voto en el preciso momento de realizada la encuesta. Las encuestas recogen instantáneas; y no nos permiten ahondar en los determinantes permanentes (causas, incentivos) del comportamiento político de los electores. Asuntos importantes en nuestra cultura política como el clientelismo y la discriminación racial y social –constantes históricas de nuestras elecciones—son prácticamente imposibles de auscultar bajo estas técnicas.

Con esto no quiero tampoco llegar al extremo de considerar las encuestas como inútiles. Por el contrario, es una técnica que permite llegar al individuo común y corriente como el objeto de análisis. Pero creo que es necesario tomar sus alcances en su real magnitud e intentar explorar a través de nuevas técnicas experimentales los lados ocultos de la política peruana. Las ciencias (incluidas las sociales) también avanzan, y detenernos en el mundo de las encuestas es como seguir oyendo CDs en los tiempos del ipod.
Publicado, el 9 de enero del 2010 en Correo.

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1 Comments:

Anonymous Jomra said...

Salud

¡¡Vendido!! ¿¡Cuánto te han pagado los de Apple para la publicidad del IPod!? ¿¡Eh, eh, eh!?

Fuera de bromas, lo que pasa con las encuestas es que se usan de arma y para conseguir titulares y presencia, no es tanto el qué recogen o cómo lo hacen (con todos los peros que pones), sino el cómo se usará la info recogida, un buen ejemplo (y sin encuesta prácticamente) es lo que ha hecho García. Además, la gente cree en las encuestas -y las estadísticas en general- más que en otros datos o noticias...

Por lo demás, por acá siempre se recuerda la poca fidelidad de las encuestas cuando se pregunta de determinadas cuestiones, a la luz de los datos de la satisfacción sexual que reflejan las encuestas (demasiado alta, demasiada frecuencia, etc., etc., etc., que hacen pensar que la gente, sobre ciertos temas, nunca le dirá la verdad a la persona que le encuesta).

Hasta luego ;)

January 15, 2010 at 4:43 AM  

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