Thursday, October 4, 2012

Las dos derechas


La posibilidad del indulto al ex presidente Alberto Fujimori nuevamente divide al país. El fujimorismo se constituye así en un clivaje político que atraviesa la sociedad, la clase política, la Iglesia e, incluso, la propia derecha. Creer que la libertad de Fujimori es una insignia de toda la derecha es un simplismo tan grosero como el creer que los que están en su contra son todos “caviares”.

Norberto Bobbio ensaya una definición mínima de derecha como la posición política que considera que las desigualdades entre la gente son naturales y están fuera de la responsabilidad estatal. En algunos países el esquema izquierda/derecha se afirma al superponerse otros ejes ideológicos, como el secularismo/clericalismo y su impacto en el plano social (por ejemplo un progresista PDR y un católico conservador PAN en México). Pero también es posible que, en vez de fortalecerse entre sí, los ejes complementarios dividan al interior de la propia derecha (como es el caso del conservador UDI y el más liberal RN, ambos partidos de la derecha chilena).

La derecha peruana comparte la definición mínima, pero puede llegar a tener discrepancias políticas máximas, derivando en dos vertientes. Por un lado, tenemos una derecha más pragmática, que no le hace ascos a la mano dura para resolver problemas de conflictividad social, cuya evaluación ética pone en la misma balanza los resultados económicos y su reducida noción de violaciones a los derechos humanos a meros “costos sociales”; relativizando actos de corrupción, justificando el “robó pero hizo obra”. Para movilizar a las masas, apela al clientelismo. Su versión exacerbada, autoritaria, convierte la caricaturización de la “DBA” en una realidad.

Pero hay otra derecha, más institucionalista, que considera que los principios democráticos (como el Estado de derecho y el equilibrio de poderes) están por encima de las conveniencias políticas. Que no comparte el reflejo de acudir a los militares para controlar el orden público y que cree que el cumplimiento de las sanciones establecidas por la justicia autónoma es un requisito para el perdón. Su estrategia de movilización es sobre todo ideológica.

Cuando no existen partidos enraizados, estas dos vertientes se manifiestan políticamente a través de diversas modalidades: poderes fácticos (grupos de poder económicos, medios de comunicación), expresiones electorales (unas en proceso de institucionalización, como el fujimorismo; otras más emotivas como los PPKausas) y hasta a través de las voces editoriales de líderes de opinión, algunas con volátiles convicciones.

La promoción del indulto a Fujimori pone en evidencia la capacidad de articulación --y el consecuente poder-- de la derecha pragmática en varios frentes. La presión de sus élites encuentra legitimidad social en el movimiento fujimorista, potencialmente movilizable y un apoyo importante en la opinión pública. La obstrucción a esta posibilidad, en cambio, no pasa solo por la presión de la izquierda (aislada en las esferas de poder, fragmentada a nivel del movimiento social), sino sobre todo porque la derecha institucionalista salga de su aletargamiento político. Espero que, por el bien de nuestra democracia, despierten.

Publicado en El Comercio, el 2 de Octubre del 2012.

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