Sunday, November 7, 2010

Los Legados del Autoritarismo (Perú, 2009)

Acaba de salir publicado --en su versión electrónica-- el artículo (en co-autoría con Carlos León) sobre el balance de la política nacional durante el 2009. El texto se escribió durante el primer semestre de este año y considero que, a pesar de tratarse de un análisis de coyuntura, permite entender el "big picture" del régimen político que se va construyendo en la última década. A continuación la introducción del texto:

Luego de casi una década de autoritarismo (1992-2000) (Cotler y Grompone, 2000), el Perú entró en una transición ordenada hacia un régimen político más competitivo (Tanaka y Vera, 2010). De este modo, en el 2001 se iniciaba un período de reconstrucción de la institucionalidad democrática con viejos partidos y nuevos actores que propugnaban asimilar las lecciones aprendidas de la “década de la antipolítica” (Degregori, 2000). Se llevaron a cabo reformas constitucionales, se legislaron nuevos marcos legales (Ley de Partidos Políticos, Ley de Gobiernos Regionales) y hasta reformas participativas para enraizar la democracia en todos los niveles, desde el local hasta el regional. Luego de ocho años del inicio de la apertura democrática, sin embargo, el legado del autoritarismo se hace latente.

Si bien es cierto que se han dado avances muy importantes (la sentencia judicial al ex Presidente Alberto Fujimori por 25 años ha sido ejemplar), la combinación de una democracia sin partidos y la permanencia de la herencia autoritaria complica las perspectivas de democratización del régimen y dificulta aún más el “juego de la gobernabilidad” que trata de llevar adelante el actual gobierno (Meléndez y León, 2009). Durante el 2009, la revelación de actos de corrupción a nivel de altos operadores del oficialismo (caso “Petroaudios”) y el alto nivel de conflictividad social con significativas violaciones a los derechos humanos (“El Baguazo”) socavan profundamente la legitimidad del gobierno.

La baja aprobación presidencial y parlamentaria y los altos niveles de descontento popular (sobre todo en el interior del país) son la evidencia de la ruptura creciente entre la representación política y las demandas sociales, lo cual afecta la confianza en el gobierno y en los actores políticos. Ante este escenario, la ausencia de una oposición organizada y sólida impide que el descontento se capitalice hacia opciones alternativas. La gobernabilidad se convierte en un juego por default en el que el oficialismo se aferra a las cifras macroeconómicas que reiteran la imagen de un “país que avanza”, pero cuya aparente eficiencia se ve desprestigiada por las redes de corrupción y el abuso a los derechos de los ciudadanos que ese modelo político de crecimiento parece implicar.

El artículo está dividido en tres partes. En la primera detallamos los elementos del optimismo oficialista: crecimiento económico, tratados internacionales en materia comercial, iniciativa nacionalista en política internacional (específicamente en el caso de la frontera con Chile) y procesamiento judicial de los actores del régimen autoritario fujimorista. Sin embargo, asimismo, detallamos los límites de este entusiasmo en un análisis de la evolución de los índices de aprobación de la actual administración. En la segunda parte, y a partir del análisis de los dos mayores escándalos políticos del segundo gobierno de García, desarrollamos la parte central de nuestro argumento: el asentamiento de la democracia y el alcance de un equilibrio de gobernabilidad entre actores institucionales e informales se ven obstaculizados por los legados autoritarios que se arrastran de la década anterior y que no han podido desmontarse. Bajo esta lógica analizamos las consecuencias de los legados autoritarios tanto en los principales actores institucionales (el Ejecutivo reacciona a las crisis políticas concentrando más poder en la figura presidencial y distanciándose del partido de gobierno; la oposición fragmentada no logra constituir el Legislativo como una arena para la lucha política y la construcción de alternativas) como en los actores informales (medios de comunicación dependientes del poder económico como la más significativa “oposición política” y una conflictividad social álgida pero fragmentada y desarticulada). En la tercera parte recapitulamos los argumentos principales y elaboramos las conclusiones.

Artículo completo.

Indice de la Revista de Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile (Volúmen 30, N 2, 2010)

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