Saturday, May 21, 2011

Qué difícil es ser Carlos Iván

Por algunos años me hizo un espacio en su oficina del IEP, repleta siempre de sanmarquinos, básicamente antropólogos e historiadores. No me considero para nada su discípulo. Es más, a pesar que trabajamos juntos, siempre disentimos en varios temas. Pero eso no significa que no lo tenga como ejemplo de un intelectual comprometido con sus ideas. Si algo aprendí de él fue precisamente la lealtad que uno debe tener por sus convicciones políticas, aunque éstas sean "erradas" o "polémicas", aunque éstas duelan y abran heridas. A diferencia de muchos que se autodenominan intelectuales, él no quería imitadores, sino que cada cual encontrara su rumbo, su camino académico propio.

Si hay un periódico con una línea editorial más distante de la posición política de Carlos Iván Degregori, ése es Correo. Pero precisamente desde este diario recuerdo a quien debe ser el intelectual de izquierda más importante luego de Arguedas. Su estirpe está en extinción. Esa combinación equilibrada de intelectual y político. Seamos claros: nadie comprendió Sendero Luminoso mejor que él; nadie convirtió la memoria en un instrumento político mejor que él. Podrás estar de acuerdo o no con su prédica, pero sus argumentos mostraban la solvencia de quien escucha a la gente. Tenía un don: el de entablar un intercambio horizontal con las ideas de su interlocutor, sea quien sea, ayacuchano o miraflorino, politólogo agringado o intelectual comprometido, cachimbo o lumbrera. Y no lo hacía en un plan democratizador como los sabios-yo-tengo-la-ultima-palabra, sino por esas ganas sanas de aprender que nunca dejó, ni siquiera en la enfermedad.

Por eso, no es casual que quisiera que lo velaran en el centro de Lima, en La Recoleta porque ahí se habían velado también a "sus muertos", los que fueron asesinados por esa potente arma de destrucción masiva que es la discriminación cargada con olvido. No es casual que quisiera que lo despidieran con el playlist de sus años huamanguinos (Adiós Pueblo de Ayacucho nunca sonó tan triste). No es casual que supiera vivir la muerte y mantener la sonrisa tranquilizadora con la que lo recordaremos.

Pero tampoco es casual que lo despidamos prácticamente en silencio. Su obra es aleccionadora pero incómoda. No habla de mentalidades, no interpreta sueños, no tiene la pose del intelectual puro. "Un intelectual que no le interesó la práctica política, es porque no le interesó su país" me dijo un día cuando le pregunté por algunas "celebridades". Pero ¡qué difícil para los que no nos atrevemos! ¡Qué difícil para una generación que quiere profesionalizar la academia y no "cometer el error de politizarla! Porque abundan los mal ejemplos; muy pocos quedan en pie como él. Qué difícil es ser Carlos Iván.

Publicado en Correo, 21 de Mayo del 2011

2 Comments:

Blogger Lucía said...

qué linda entrada :)

May 23, 2011 at 11:35 AM  
Anonymous Anonymous said...

muy bueno, Mel. Estuvimos comentándolo. Para mi, de lo mejor que han publicado sobre CID en lás últimas semanas.

May 28, 2011 at 5:51 PM  

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