Thursday, April 23, 2009

El ciudadano fujimorista

Fujimori ha generado vínculos políticos al parecer inagotables con un sector de la ciudadanía, que serían envidiados por cualquier político. Estos vínculos trascienden posiciones ideológicas, las prebendas clientelares, pero tampoco se explican por una devoción personalista. Pensemos en el ciudadano fujimorista “de a pie” (no como Gonzalo Gamio que opone “ciudadanos” versus “fujimoristas”) para entender un poco más este fenómeno político.

Algunos analistas pronostican el final del fujimorismo luego de la condena de 25 años. Yo no estaría tan seguro de eso precisamente por la fortaleza que lucen los vínculos políticos fujimoristas. Fujimori construyó su vinculación con la ciudadanía a través de prácticas clientelares; sin embargo, esta la permanencia del apoyo por el ex Presidente contradice los supuestos de la naturaleza clientelar: ha trascendido el corto plazo y la utilización de los recursos del Estado. ¿Cómo es posible entender el fujimorismo si el acceso a las redes clientelares ha terminado hace casi una década? ¿Es tan grande el “agradecimiento” de las organizaciones sociales que movilizaba a su favor? ¿No que eran manipulables y sólo se movilizaban por chantajes?

Pero tampoco el fujimorismo se explica solamente por un “culto a la personalidad” como algunos suponen. El ciudadano peruano post-partidos ya no cree en caudillos ni en apasionamientos políticos. Los liderazgos, inclusive el de Fujimori, no son carismáticos. Sus seguidores no son radicales movilizados. Así, el fujimorista de “a pie” es un simpatizante fiel pero de baja intensidad. Práctica, como lo vimos en las elecciones del 2000, un voto “vergonzante”: no reconocerá públicamente su simpatía por Fujimori, pero en la soledad del ánfora electoral le dará su voto. Y como señalan las encuestas, lo seguirán haciendo por Keiko Fujimori el 2011.

Finalmente el ciudadano fujimorista no es necesariamente ni de derecha ni de izquierda; sino no se explica cómo los ex bastiones de Izquierda Unida le dieron su voto durante los noventa. Tampoco es necesariamente un individuo que no respeta los derechos humanos; sino, de qué manera se entiende que en las zonas más afectadas por el terrorismo, aun mantengan simpatía por él.

La condena a Fujimori le hace bien a la justicia peruana; pero para entender sociológicamente al fujimorismo hay que salirse de los juzgados; y evitar que los deseos se mezclen con los análisis, como suele pasar en nuestro país.

Publicado en Correo, 22 de abril del 2009: http://www.correoperu.com.pe/correo/columnistas.php?txtEdi_id=4&txtSecci_parent=&txtSecci_id=84&txtNota_id=43409

Cita textual del texto de Gonzalo Gamio al que hago referencia:
"Ahora los ciudadanos tendremos que considerar el frente político que se abre tras esta sentencia. Los fujimoristas van a victimizar a su líder, van a salir a las calles. Tienen algunos cuadros violentos."

Del texto se desprende que por un lado hay "ciudadanos" y que por el otro hay "fujimoristas". Pregunto: un fujimorista no es un ciudadano?

Gamio responde.

Actualización: Stanislao Maldonado cuestiona las falacias históricas de las posiciones de Gamio con respecto a la "victoria" sobre Sendero Luminoso. Creo que es una prueba más que Gamio lee la realidad de acuerdo con sus deseos y valores personales. Ello le lleva calificar a los que se oponen a su posición (y a sus ideas) como "moralmente inaceptables" (sick). Una muestra más de la intolerancia asolapada que se practica desde la "corrección política".

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Thursday, April 2, 2009

El ciudadano participativo

El ciudadano participativo acude a las reuniones de la junta vecinal de su distrito todas las semanas. Durante los primeros seis meses del año concurre a las sesiones de deliberación del presupuesto participativo. En los otros seis se convierte en un miembro del comité de vigilancia ciudadana para fiscalizar el cumplimiento de los acuerdos refrendados por las actas de compromiso que su alcalde firmó en la pileta de su barrio. El ciudadano participativo durante todo ese tiempo recibe "capacitaciones" de promotores sociales, que a punta de plumones y paleógrafos, de manuales de vigilancia, le enseñan a ser aún más participativo.


El ciudadano participativo ha votado por los miembros del Consejo de Coordinación Local de su distrito y de su provincia, por los del Consejo de Coordinación Regional, ha contribuido con sus opiniones en las sesiones que definieron el Plan de Desarrollo Sostenible de su comunidad y el Plan Estratégico del Municipio para el año 2021. También ha participado en una iniciativa de referéndum provincial para cambiar de nombre a un río, ha presentado iniciativas de regulación para su comuna, ha acudido a los cabildos abiertos y ha exigido a voz viva sesiones de rendición de cuentas para fiscalizar a las autoridades y prevenir la corrupción. Dado que existen indicios de posible malversación de fondos, nuestro amigo participativo ha ido a la ONPE, ha comprado su "kit electoral" y ahora anda juntando firmas para promover una revocatoria.

Luego de haber medido la evolución de las provisiones legales de los cinco países andinos, nuestro país tiene el orgullo (¿?) de ser uno de los más participativos de la región, sólo superado por la chavista Venezuela. La avasallante legislación en materia participativa, que se ha incrementado notoriamente en los gobiernos de Paniagua y Toledo, supone un ciudadano participativo informado, deliberativo, activo, influyente y con capacidad de incidencia en el proceso de toma de decisiones en todos los niveles de gobierno. Pero, ¿es cierta tanta belleza? Es decir... ¿Existe el ciudadano participativo de carne y hueso?

Hace falta medir -al estilo de El Otro Sendero- los mecanismos de participación ciudadana en términos de horas-hombre para saber cuán costosa y eficiente es la participación. Aunque para algunos sería mejor no saberlo. Más fácil es repetir el sinsentido "solidarios y vigilantes" de Susana Villarán.

Publicado en Correo, 02 de abril del 2009:

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Saturday, March 21, 2009

Crecimiento sin izquierda

En una entrevista publicada el 1 de marzo en La República, Alberto Adrianzén criticó con severidad a la izquierda peruana, consideró que se había "pasado de madura" y recordó precisamente los 20 años del primer (único y último) Congreso de Izquierda Unida, hecho que paradójicamente marcaría diferencias irreconciliables entre sus facciones, las que producirían su crisis, cisma y desaparición de la escena política.

Le invito, estimado lector, a retomar el ejercicio que plantea Adrianzén y ubicarnos temporalmente en aquel verano de 1989. Hagamos memoria: Ese año la hiperinflación llegaría al 7,649%, el número de atentados terroristas pasaría los 3 mil, la cifra de huelgas nacionales superaría los 600, reinaba la escasez, el caos, la violencia. Miles de peruanos emigraban, entre ellos, analistas que pronosticaban con un pie en el avión la inminente "libanización" del país (Luis Pásara). Fue, quizás, el peor momento de nuestro siglo XX.

Si a usted por entonces le decían que sólo dos décadas después el país estaría en la situación en que se encuentra ahora, con crecimiento sostenido y resistiendo a crisis mundiales, ¿lo hubiese creído? Quiero resaltar que precisamente el país ha avanzado en estos años careciendo de una representación política de izquierda.

Una vez que la izquierda perdió vigencia -¡oh, coincidencia!-, el país encontró un rumbo. No es que el Perú sea un paraíso ni que haya estado ajeno a vicios. Para nada. Pero a pesar de las justas críticas al sistema de redistribución social, de las tareas pendientes en materia de lucha contra la pobreza e inequidad, y de la insatisfacción social de algunas regiones del país, estamos - mano en el pecho mucho mejor de lo que nos hubiésemos imaginado cuando vivíamos en medio de apagones y coches bomba.

¿La ausencia de una izquierda organizada en todos estos años le hizo bien al país, y por lo tanto deberíamos agradecer a sus alicaídos líderes políticos por ser tan poco competitivos electoralmente? ¿La inexistencia de una fuerza política opositora a las políticas de mercado ha permitido que éstas se ejecuten sin trabas y demuestren rápidamente sus logros? Quizás la mejoría se deba a otros factores.

Quizás la relación causal que planteo es una simple casualidad, una relación espúrea. La hipótesis queda formulada. Tarea para los politólogos.


Por qué la ausencia de una izquierda política relevante tendría que ver con el crecimiento económico? Al plantear hipótesis, en general, no se puede hacerlo tan alegremente, sino que se deben especificar los mecanismos que enlazan las variables en cuestión (en este caso: ausencia de política organizada y crecimiento económico).

(Para los “melendologos”, la relación que planteo no es: el país se fue a la mierda gracias a la izquierda ni gracias a sus políticas. Cero en comprensión de lectura; Veinte en “mala leche”...bueno, finalmente, who cares?).

Retomando la vinculación entre las variables que propongo, el mecanismo que sustentaría la hipótesis sería el siguiente:


Al no existir una izquierda organizada, sin representación política, no existe una oposición a las reformas de ajuste. Las voces críticas a las políticas de ajuste aplicadas desde 1990 estuvieron más en la sociedad (incluyendo la prensa), pero no en el Congreso (bancadas de izquierda?) ni en el Ejecutivo (por ahí un par de ministros que terminaron renunciando rápidamente). La “representación política” de izquierda (¿) más fuerte en los últimos 20 años ha sido la conseguida por el Humalismo, y ya vemos como se fragmentó antes de la juramentación.

Si no existe una representación política de izquierda, las reformas de mercado pasan sin problemas (por eso no me interesa la “representación política de derecha”, porque obviamente esta no sería opositora a las políticas de ajuste). Al pasar sin obstáculos suceden dos cosas: i) la tecnocracia gana un nivel de autonomía que la hace hasta cierto punto “independiente” de la política y de los gobiernos de turno; ii) las reformas se aplican rápidamente, sin matices, y logran sus objetivos macroeconómicos (me refiero en la hipótesis solo al crecimiento económico, no a otros aspectos como la desigualdad social, inequidad, etc.)

La referencia a otros casos, como la sugiere Enrique Patriau, sería interesante para explorar. Por ejemplo, un colega politólogo me escribe mencionando que en algunos casos de Europa del Este, se logra construir un estado medianamente eficiente precisamente porque la debilidad de los partidos ha servido para llevar a cabo reformas profundas sin una oposición a ellas. Si a ello se le suma, en nuestro caso, que las oposiciones políticas en el país son básicamente regionales o sociales, fragmentadas, que no suben al nivel nacional (como bien apunta mi colega), las reformas del que está en el poder se aplican con suma facilidad.

Como ven la hipótesis que planteo es estrictamente politológica (ausencia de una representación política de izquierda), que creo que en el país no se ha considerado al plantear el debate sobre las reformas de ajuste. La economía política no es mi especialidad, pero hay toda una literatura –coherente con el link que Carlos del Carpio sube del blog de Stanislao Maldonado—que podrían retomar los estudiantes interesados en estos temas. Es alucinante como en el Perú no se ha estudiado a profundidad la relación Democracia (y sus variables políticas) y Crecimiento Económico! Espero que ahora que van saliendo politólogos, haya más atención a esta agenda.

Creo que con esta actualización he avanzado en la formulación de la hipótesis. En el texto original la planteo brevemente: “¿La inexistencia de una fuerza política opositora a las políticas de mercado ha permitido que éstas se ejecuten sin trabas y demuestren rápidamente sus logros?”, pero como comprenderán ser exhaustivo ante el límite de 400 palabras es menuda tarea. Por suerte, está el blog para seguir el debate.

Creo que además, esto ayuda a esclarecer el “salto cualitativo dialectico” que critica El Morsa, por eso es que su hipótesis sobre el efecto que tendría el equipo que casi bajo a segunda división el año pasado en el crecimiento económico carece de un mecanismo que ayude a vislumbrar la relación entre ambas variables. O es que su casi descenso era un anticipo a la crisis mundial?

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