Monday, May 18, 2009

Curso. Conflictos Sociales: enfoques teóricos y su aplicación al caso peruano

En un par de semanas estaré en Lima por unos días y aprovecharé para dar un pequeño curso de 5 sesiones sobre “Conflictos Sociales: enfoques teóricos y su aplicación al caso peruano” en el Centro Cultural de la Universidad Católica. Al igual que el curso que dicté el año pasado, presentaré diversos enfoques que se discutirán a partir de ejemplos concretos, en la mayoría de los casos a partir de artículos o investigaciones cualitativas que he realizado (Ilave, Quilish, VRAE). Pero además esta vez presentaré los resultados preliminares de un estudio cuantitativo que vengo realizando a partir de una base de datos propia que he construido sobre conflictos sociales.

Algunas de las “pepas” las compartiré también en el blog: ¿Es cierto eso de que los conflictos se originan por “ausencia del Estado”? ¿Cuál es la relación entre las preferencias electorales por determinados candidatos presidenciales y los niveles de conflictividad social? ¿Es cierto que las radios locales juegan un papel de “azuzadores” de los conflictos? Nada de rollos, ni de falacias. Pura evidencia empírica basada en distintas aproximaciones teóricas. Informes aquí.

Relación de temas y descripción de contenidos

Primera sesión: ¿La pobreza como origen de las protestas?
Presentación. Una aproximación probabilística para entender los conflictos sociales en el Perú
Teoría de la privación relativa.

Ted Robert Gurr (1970) Why Men Rebel?

Segunda sesión: Los “recursos” para la protesta.
Teoría de la movilización de recursos.
El caso de las protestas amazónicas 2008-2009.

John McCarthy y Mayer Zald (1977) “Resource Mobilization and Social Movements: A Partial Theory”. American Journal of Sociology, 82, 6 (May).

Tercera sesión: ¿Si yo protesto, los demás protestan?
Teoría de la acción colectiva.
El caso del Quilish, 2004

Deniss Chong (1991) Collective Action and the Civil Right Movement.
Mark Irving Lichbach (1998) The Rebel’s Dilemma.


Cuarta sesión: ¿Cuál es la oportunidad para protestar? ¿Cómo se “vende” una protesta?
Teoría de la estructura de la oportunidad política.
Teorías culturales. Los repertorios de la violencia.
El caso de Ilave, 2004; El caso de los movimientos cocaleros, 2002-2006.

Doug Mc Adam (1982) Political Process and the Development of Black Insurgency. 1930-1970
David Snow et.al. (1986) “Frame Alignment Processes, Microbolization, and Movement Participation”. American Sociological Review, 51 (Aug).

Quinta sesión: Los conflictos sociales en el Perú actual. Hipótesis y evidencias.

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Wednesday, May 13, 2009

El analista reina-de-belleza (I): Partidos políticos

Algunos analistas me hacen recordar las preguntas de los concursos de belleza. Las respuestas para cualquier interrogante son las mismas: la pobreza. ¿Por qué hay conflictos? Porque hay pobres. ¿Por qué gana Humala la primera vuelta? Porque hay pobres. ¿Por qué hay “anti-sistemas”? Porque hay pobres ¿Por qué Renato Cisneros no encuentra novia? Porque hay pobres. Son como las respuestas cliché dignas de concursante panameña, de que los que “admiran al Papa” o quieren “promover la paz mundial”. Son los analistas-reinas-de-belleza.

Las ciencias sociales en el Perú han definido el quehacer de la investigación social en torno a variables independientes socio-estructurales. Las “causas, determinantes o factores” que permiten entender determinado fenómeno social suelen ser “estructuras sociales”. La pobreza, las clases sociales, o la cultura son los lugares comunes a los que recurren sociólogos, economistas, y antropólogos, no sólo para dar cuenta de fenómenos históricos de largo plazo (donde tendría más sentido), sino para explicar inclusive coyunturas y procesos del corto plazo. En este post me voy a referir a un ejemplo en particular: cómo se analizan los partidos políticos.

El analista reina-de-belleza (ese que va a salto de mata entre columnistas, fichas bibliográficas que le hacen sus alumnos, cafés con sus patas en el San Antonio y debates bloggeriles) recurre a las estructuras como la respuesta fácil e inmediata para entender los partidos políticos y el comportamiento electoral. Es el tipo de respuesta que no requieren pruebas, ¿no? Los partidos y sistemas de partidos serían el reflejo de las estructuras sociales, de clivajes sociales, de diferencias entre los niveles de crecimiento económico, expresan los niveles de integración y heterogeneidad cultural. Los pobres votan “inevitablemente” por unos; los “indígenas” inevitablemente por otros (o por los mismos). Ya para qué analizamos campañas si ya se saben los resultados de los próximos cincuenta años. Siempre el marginal terminará votando por eso a que instintivamente llaman “el anti-sistema”. (A ver…Quien me trae una definición del “anti-sistema”? ……. Ahhhhhhhh)

Giovanni Sartori propone lo contrario: el partido no es una consecuencia de la clase social; sino un grupo social puede recibir su identidad “clasista” gracias a un partido (“atrás, vade retro”, diría el analista-reina-de-belleza). (Leer por ejemplo: Paper Stones de Przeworski y Sprague) La agencia política de las dirigencias es capaz de modelar un discurso atractivo. En ese sentido, la organización y las decisiones de las élites pueden ser tan o más importantes que las estructuras sociales.

De acuerdo con Sartori, esta predilección que se tiene por las respuestas estructurales se basa en un “objectivist bias”: la política es un artefacto, y es en la sociedad donde se encuentran los “hechos”. Precisamente a partir de este punto es donde interviene el aporte del politólogo que para evitar la “superstición objetivista” propone variables políticas, quizás más sensibles al corto y mediano plazo, como el comportamiento de las élites, la capacidad organizativa, el papel movilizador de los operadores políticos, etc. En el caso de este último insisto que el operador político ejerce un poder persuasivo de influencia en el votante o en el ciudadano movilizado que puede ser mayor inclusive que el de los determinismos sociales.

Pd. Los grandes demuestran sus cualidades en todas las canchas. Sartori acaba de presentar en sociedad a su novia cuarenta años menor que él (ver foto). Un grande. Ahora reparo en que los politólogos que más admiro (un italiano, un polaco y un argentino) son reconocidos “chiboleros”. Esas son las reinas de belleza que las ciencias sociales necesitan.

Pdd. El próximo post: el analista-reina-de-belleza “entendiendo” los conflictos sociales.

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Monday, April 27, 2009

Los Mil Días de García (o Cómo terminar de una vez por todas con los análisis de coyuntura)

Debo confesar que le tengo reticencias a los análisis de coyunturas. Me resultan antojadizos, tendenciosos, inflados por los titulares de los periódicos (últimamente por los bloggers), por los escandaletes del momento. Creo que el politólogo o el analista serio tiene poco qué decir si la aprobación presidencial sube 2% de un mes para el otro (simplemente podría ser error muestral), si ha salido un nuevo petro-audio, o si Leslie Suárez se ha montado encima del pabellón nacional. La coyuntura me parece más afín para los periodistas o para los analistas light que interpretan los hechos con hipótesis sacadas como conejos de sombrero de mago (léase alianza apro-fujimorista, Donayre como el Humala postmoderno, Simon como “tonto útil”). Analizar coyunturas es muy arriesgado, precisamente porque no hay marcos que ordenen la información y permitan una interpretación objetiva y convincente. Aunque quizás mi rechazo al análisis de las coyunturas, se deba a mi incapacidad de hacerlo.

Hace unos meses, me pidieron hacer un balance de siete mil palabras de la “coyuntura política, económica y social” del Perú durante el 2008, texto que saldrá publicado a mediados de año en una revista académica chilena. Con uno de los recientes egresados de ciencia política de la Católica, el “Bac.” Carlos León (¿A quién le importa si es bachiller, licenciado o saco diploma de buena conducta en el colegio?), decidimos asumir la tarea. El texto se encuentra en su etapa de edición, y cuando esté publicado lo haré saber. Pero ya que estamos en período de balances (ahora el huachafo pretexto son los mil días de gobierno), les comparto el resumen del texto. Júzguelo Usted mismo, estimado lector.

Perú 2008: El juego de ajedrez de la gobernabilidad en partidas simultáneas

Carlos Meléndez y Carlos León

No es ningún secreto que el desarrollo socioeconómico puede desestabilizar sistemas políticos, si aquél no viene acompañado de un desarrollo institucional (Huntington, 1968). El crecimiento económico sostenido que el Perú viene atravesando desde casi una década no delinea un camino exento de obstáculos. Todo lo contrario. En un contexto de bajos niveles de institucionalidad (Mainwaring, 2006), con un sistema democrático “sin partidos” (Tanaka, 2006) y sin estructuras efectivas de mediación política (Meléndez, 2004), la conflictividad social, aunque fragmentada, amenaza con desbordar y poner en jaque la gobernabilidad del país. Cualquier gobierno peruano (quizás cualquiera latinoamericano) enfrenta dos tipos de actores con poder de veto (veto players de acuerdo con Tsebelis, 2002) con retos y características distintas (Gonzáles-Ocantos y Meléndez, 2008). Por un lado, tenemos a los actores institucionales (Legislativo, gobiernos sub-nacionales, oposición política) cuya estrategia política persigue ganar legitimidad; pero que se mueven en un contexto de fragilidad institucionalidad y creciente desprestigio ante la opinión pública. Por otro lado tenemos una oposición “social” (con mayor poder de veto que la política), que ha desbordado a los intermediarios tradicionales que tienen los mismos problemas de intermediación que los partidos (sindicatos, frentes regionales), y se muestra más fragmentada, particularista, y coyuntural, pero paradójicamente con una alta capacidad de movilización.

Durante de lo que va su segundo gobierno (2006-2008), Alan García ha buscado neutralizar las amenazas de gobernabilidad que se sostienen en las dos dimensiones señaladas. La descripción de la dinámica política en el 2008 (y de lo que va del gobierno) demuestra que la estrategia de García ante los actores institucionales ha sido la de compartir y delegar responsabilidades políticas al Congreso y a los gobiernos regionales, arrogándose la exclusividad de los aciertos (crecimiento económico) y tomando ventaja del desprestigio de los otros poderes en los errores del gobierno (“El Congreso es ineficiente, muy lento”). Con respecto al clima de conflictividad social, su estrategia ha consistido en devolver paulatinamente al primer plano a un actor con poder de veto tradicional en la política latinoamericana: los militares. Ante la imposibilidad de establecer mecanismos de redistribución social (por ausencia de recursos, ineficiencia burocrática y riesgos de corrupción); el gobierno viene endureciendo las medidas represoras ante la movilización social y fortaleciendo la legitimidad de las Fuerzas Armadas. Cualquier tipo de organización social que pudiera facilitar la movilización social es rápidamente reprimida (desde ONG hasta las “Casas ALBA”). Más allá de que si el gobierno de García es de derecha o no, se evidencia una preocupación intensa por mantener el orden social y político, a toda costa. El crecimiento ha revitalizado estrategias autoritarias de control social que es lo que genera la “derechización” del régimen. Sin embargo, estas estrategias se llevan a cabo en escenarios de fragilidad institucional y baja intensidad del apoyo popular. Lejanos los días de la construcción de autoritarismos burocratizados (O’Donnell, 1973), la estrategia de García para evitar la inestabilidad política se basa en un juego de ajedrez en partidas simultáneas.

Conclusiones
La sensación de “derechización” del régimen no proviene exclusivamente del esquema económico que sigue el gobierno, sino de su estrategia de control social para alcanzar mínimos equilibrios de gobernabilidad. Consideramos que en el corto plazo, logra sus objetivos. Hacia la mitad de su gestión, el gobierno de Alejandro Toledo amenazaba con desplomarse, al punto que muchos sectores, incluyendo el diario El Comercio, propusieron que “diera un paso al costado”. Las condiciones coyunturales no han cambiado mucho en el actual escenario: la paradoja de crecimiento económico y conflictividad social se mantiene, y el APRA como partido mediador entre el sistema político y la sociedad no ha hecho diferencia. El equilibrio de baja intensidad que ha logrado García se debe a que juega hábilmente en los dos tableros de la gobernabilidad del país. En el plano institucional, conoce las debilidades de sus interlocutores. Controla el suministro de recursos con los gobiernos regionales, y apela a la baja popularidad y fragmentación del Congreso para buscar la luz verde a sus decretos legislativos. En el plano de la conflictividad social es donde encuentra más obstáculos dada la imposibilidad de agregar los intereses particulares en juego, lo que le lleve a recurrir a un endurecimiento de la represión institucionalizada a través de un creciente protagonismo de las fuerzas armadas, y de la represión a actores (ONGs) que podrían facilitar la articulación y organización de las demandas que evidencian los conflictos.

Sin embargo, éstas son salidas transitorias que finalmente podrán gestar condiciones temporales de gobernabilidad, pero postergan procesos necesarios para el fortalecimiento de la democracia en el país, como son el fortalecimiento de la institucionalidad política (la credibilidad del Poder Legislativo y la eficiencia de los gobiernos regionales) y la agregación ordenada de demandas sociales a través de expresiones orgánicas de las mismas. La democracia requiere tanto un Estado como una sociedad fuertes, pero sobre todo canales que tiendan puentes entre ellos. No que los repriman. Al inicio de su segunda gestión, se pensaba que el APRA como partido podría volver a reconstruir los vínculos de intermediación política; mientras que el resultado parcial ha sido el de promover el aislamiento de ambas esferas, como una salida rápida al desgobierno. García juega a las tablas en las partidas simultáneas que hacíamos referencia como metáfora, lo cual no lo hace inmune de que la sociedad pueda patear en cualquier momento el tablero.

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Tuesday, April 21, 2009

Zald en el VRAE

Mi primer trabajo de campo fuera de Lima fue en el Valle del Río Apurímac-Ene (VRAE) hace más de diez años. Javier Torres suele hacerme recordar la vez que llegué a su oficina en SER preguntándole: “Cómo llego a San Francisco?”. (Sí: eran los días en que pagaba medio pasaje y leía fotocopias). Desde entonces, he ido al VRAE con cierta frecuencia, la última vez en el 2007, precisamente antes de venir a estudiar a los Estados Unidos.

Sin que ello me haga un experto en el tema, creo que podríamos entender mejor la presencia y transformación de Sendero Luminoso en el VRAE aplicando algunos de los preceptos elementales de Mayer (“Candelo”) Zald. En el 2004, publiqué un artículo en la compilación que dirigiera mi amigo Víctor Vich por los 40 años del IEP titulada “El Estado Está De Vuelta”. El artículo “Mediaciones y conflictos” no hace referencia directamente a los artículos de Zald, pero se nota su influencia en algunos de los argumentos que sostuve. Cito un párrafo a continuación:

En el Valle del Río Apurímac-Ene, la situación es más complicada. Para graficarla imaginemos la intersección de tres conjuntos —campesinos cocaleros, rondas de autodefensa y pequeños narcotraficantes— en donde la intersección es la parte de mayor magnitud. Como resultado, pocos saben quién es quién. Mientras tanto, Sendero Luminoso transita la zona como una suerte de tribu nómade que trata de capitalizar la violencia. Las habilidades de sus integrantes han quedado reducidas al uso de armas y su sobrevivencia pasa por ponerlas al servicio de narcotraficantes o de actos delincuenciales como el secuestro de Techint —ocurrido, también, en agosto de 2003—. Lejanos son los días de la “revolución”. (p.172)

Para Zald, la disponibilidad de recursos explica la acción colectiva. De este modo, Zald respondía (en 1977) a los que proponían como variable explicativa de las protestas y de la violencia colectiva al descontento social. Para Zald, descontento hay en todas partes, pero no en todas partes hay conflictos. Lo que termina explicando el conflicto (la acción colectiva violenta) es la disposición de recursos para la movilización por parte de los “rebeldes” (en el sentido más amplio del término). Zald entiende como recursos todo lo que facilite la movilización: desde elementos básicos de toda organización (redes de comunicación, dirigentes) hasta inclusive armas (en caso de acciones violentas). Los seguidores de Touraine dirían que hay una identidad política emergente que explicaría la movilización (“maoísmo reloaded”) y los “culturalistas” dirían que hay identidades subalternas emergentes detrás de estas acciones (un Nelson Palomino convertido en el Evo peruano).

En contextos desideologizados como el actual, ¿qué es lo que queda?: los recursos para la movilización. Sendero Luminoso –lo que queda de él— más que el remanente de un partido anti-sistémico maoísta es un cúmulo de recursos disponibles: cuadros que saben movilizarse en la selva, armados y organizados, excluidos de la política formal, que sólo saben promover “una acción colectiva violenta”, que asumen como estrategia de sobrevivencia el fungir de guardias de protección de pequeños carteles narcos, primero, y luego asumir sus propios proyectos ilegales. Sus “dirigentes” actuales no son líderes mesiánicos, ni expresiones políticas alternativas, ni señores narcos poderosos. (Ni Gonzalos, ni Evos, ni Escobares). Sino operadores políticos que promueven la violencia como estrategia para extraer beneficios particulares, como resultado de la combinación: recursos para la movilización y contrabando de drogas.

Creo que en el país la disposición de los recursos para la movilización es lo que explica gran parte del clima de conflictividad social (una hipótesis que vengo trabajando). Obviamente en zonas como el VRAE estos recursos para la movilización quedan a la disposición de grupos ilegales (narcotraficantes) y anti-sistémicos (Sendero Luminoso); mientras que los actores “del sistema” no hacen nada al respecto. ¿Se han puesto a pensar donde están todas las armas que Fujimori distribuyó a los comités de autodefensa como parte de la estrategia subversiva? ¿Se han puesto a pensar si los ex cuadros senderistas se han “reincorporado” ordenadamente a la política convencional? ¿Se han puesto a pensar cómo se practica la política ahí donde no hay partidos ni siquiera movimientos regionales? Como pueden ver, los problemas de fondo en zonas como el VRAE van más allá de si debe entrar las Fuerzas Armadas o la Policía. Ese debate es superficial e inadecuado, como mucho de lo que salta a los medios masivos y a las columnas de opinión. Aproximaciones teóricas como las de Zald, aplicadas con algo de tino e información, pueden ayudarnos no sólo a comprender mejor los problemas sociales, sino a tomar mejores decisiones.

Pd. Gracias a los mensajes y correos electrónicos que he recibido preguntando por bibliografía de Mayer Zald, el “Candelo” de los movimientos sociales. Lamentablemente les digo que no hay mucho de él en español. Sin embargo, insisto en la referencia al texto de Tanaka que mencioné en el post anterior. Esta es la referencia completa. En teoría está disponible el texto completo en la web del IEP. Bájelo, imprímalo, pero sobre todo, léalo.

Tanaka,Martín.
Título: La participacion social y politica de los pobladores populares urbanos?: del movimientismo a una politica de ciudadanos? , el caso del Agustino.
Año:1999
Pp:40
Serie:Doc. de Trabajo, 100. Serie Sociologia y Politica, no. 19.
Descriptores: PARTICIPACION SOCIAL; PARTICIPACION POLITICA; ORGANIZACIONES POPULARES; DEMOCRACIA; LIMA; eL AGUSTINO; PERU.

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Sunday, April 19, 2009

Mayer Zald en mi barrio

Tanaka me acababa de contratar como asistente para un proyecto de investigación sobre participación y programas sociales. Para “entrar en sintonía” con sus hipótesis, me sugirió leer un documento de trabajo del IEP sobre El Agustino que él recientemente había publicado. Recuerdo que leí ese trabajo en una combi y que mientras avanzaba en la lectura, iba marcando párrafos enteros. Era la primera vez que alguna interpretación sobre la política en los sectores populares me parecía convincente, cercana, desideologizada, lejos de utopías y de wishful -thinking. Cuando revisé las citas bibliográficas correspondientes descubrí un par de nombres que desde ahí en adelante se volverían parte de mis referencias favoritas: Mayer Zald y John D. McCarthy. (Eran todavía los días en que pagaba medio pasaje y leía fotocopias).

Diez años después, nos encontramos con Tanaka en la puerta del Kellogg Institute en Notre Dame para ir a la ceremonia de homenaje a Zald que se organiza en el campus. Siento que somos dos barristas que se juntan antes de ir al estadio, dos groupies que saben a qué hora y por qué puerta llega al hotel su estrella favorita. Mientras caminamos hacemos cálculos sobre la edad de Zald, sobre el número de libros y artículos que habrá publicado, sobre su relación con otros colegas de su generación. Al llegar a la sala, agarramos primera fila. Nos sentamos y le digo a Tanaka: “mira, ese on es Zald”. Era la primera vez que ambos lo veíamos en persona.

Gran parte de su presentación, Zald la dedicó a hablar de la historia detrás de sus publicaciones. De cómo comenzó su interés en la acción colectiva estudiando centros de reclusión delincuencial, de la vez que “le metieron cuchillo” (literalmente) cuando hacía trabajo de campo en los barrios pobres de Chicago, de cómo fue encontrando colaboradores entre sus alumnos y colegas. El “mentoring” fue fundamental para el crecimiento de un área que en sus comienzos era marginal, y sobre todo para construir una comunidad académica: “intellectual work is a collective endeavor, as we all know”. Frase que retumba en los oídos cuando recordamos nuestra comunidad académica peruana, en la cual algunos se creen los “dueños” de determinados temas y no quieren (y hasta impiden) que otros, sobre todo nuevas generaciones, entren a sus “feudos académicos”.

Mi interés a los temas de acción colectiva viene de mi experiencia personal, de la historia de mi barrio. Desde ahí fui formando mi sentido común sobre la forma como se practica la política en las zonas “emergentes” de Lima. Los libros vinieron después para mí. Por eso, cuando leí a Zald por primera vez encontré un marco teórico que me permitía explicar esas intuiciones y percepciones que había desarrollado desde antes de ingresar a la universidad siquiera. Y cuando ingresé, la literatura dominante había estado repleta de ideas que para mí personalmente me parecían un sinsentido: la generación de una identidad política como motor de la movilización social siempre me pareció un deseo sin sustento más allá del campus de Pando.

Tanaka ya lo mencionó en su post sobre Zald. Él introdujo ese corpus teórico a la discusión sobre acción colectiva y movimientos sociales en el Perú, hacia finales de los noventas (cuando esos textos eran de 1977!!!), y hasta hoy esa aproximación más “racional” (que no es lo mismo que “rational choice”), más sensible a los recursos y a los costos que imprimen la acción colectiva, resulta antipática. Hace dos semanas, por ejemplo, la mención a los que consideramos este marco teórico para entender los conflictos sociales fue motivo de risas y burlas en una reunión de CEPES, cuyos asistentes buscaban “interpretaciones más étnicas” (sick). Precisamente, del marco de la “teoría de la movilización de recursos” es que viene parte importante de los temas que profesionalmente me interesan más: desde los operadores políticos hasta los conflictos sociales.

En un momento de la ceremonia, nos acercamos a saludar a Zald. Luego de presentarnos, la breve conversación fue algo así como:

Tanaka: I can say that I introduced your ideas to the Peruvian academic debate on social movements, in a context where the discussion was dominated by “European” authors like Touraine.
Zald: It is amazing the places where it pops up. I heard that in Korea they use my framework too.
Meléndez: Although, I suppose that your work, especially your articles with McCarthy, has been criticized from a more ideological point of view outside the US.
Zald: You know. John (McCarthy) and I have written a lot together precisely to respond to our critics. But obviously we have demonstrated that we were right.

Say no more!

Foto: Blog de Daniel Little.

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Monday, October 20, 2008

Fucking Fiesta in Fucking Rio

Salió el Programa de LASA 2009 que se realizará en Río de Janeiro en Junio del 2009. ¿Para qué sirve la Ciencia Política además del análisis político? Pe pe pe pe pe pe…. (Ojo con Boas).

Programmatic and Non-Programmatic Linkages in Latin American Party Systems

1. Taylor Boas
Varieties of Electioneering: Transforming Presidential Election Campaigns in Latin America
2. Carlos Meléndez, Ezequiel Gonzalez Ocantos
Governability Appeals: Refining the theory of electoral linkages with evidence from Argentina and Peru
3. Mary Slosar
The Politics of Personality: Candidate-centered Voting in Latin America
4. Daniela Paiva de Almeida Pacheco
Profissionalização e americanização: uma crítica à banalização dos conceitos no estudo das campanhas eleitorais
5. Kenneth Ray
Examining "Anti-Establishment" Party Organization in the Central Andes
6. Lucía Selios
Congruencia Electoral y sus condicionantes en América Latina

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