Saturday, June 6, 2009

Maldita herencia: operadores políticos y Estado



Los liderazgos son muy relevantes para entender cómo se solucionan los dilemas de acción colectiva. Un liderazgo puede ser vital para articular un discurso, para movilizar a los simpatizantes y miembros, ampliar su base social, negociar, retroceder, avanzar. Entender los liderazgos permite aproximarnos a algunas claves del éxito (o fracaso) de un movimiento.

Como politólogo, uno de los aspectos que me interesa conocer sobre los dirigentes de movimientos sociales y políticos es el contexto en el que fueron socializados políticamente, en el que aprendieron y desarrollaron sus habilidades políticas, si éstas han sido a través de partidos políticos, de movimientos radicales, de dirigencias sociales gremiales, o simplemente de fuera del sistema. Mientras que miradas psicológicas se centran en la mirada o en los lapsus (Bruce), y la mirada antropológica en la socialización primaria y el entorno cultural (los que hablan de las particularidades de las comunidades nativas de la selva), creo que hace falta llamar la atención con los factores contextuales que han intervenido en la trayectoria política de los dirigentes de los movimientos.

Liderazgos como el de Alberto Pizango fueron formados bajo contextos despartidarizados, herederos de la violencia política y procesados bajo el autoritarismo clientelar del fujimorismo. Mas allá de las particularidades culturales del mundo amazónico (creo que los antropólogos se quedan chicos en esto), tenemos que entender el legado de una socialización política sin partidos (y de movimientos independientes): no se rinden cuentas, no se construyen rutinas para la negociación, no se respetan los cánones de la política institucionalizada. Esto va más allá de “chunchos incivilizados” sino que llega hasta el propio Congreso de la República. La herencia de la violencia política se manifiesta en el facilismo por los discursos radicales, por la gratuidad irresponsable de llamados a la “insurgencia”, la provocación en la punta de la lengua, la violencia como el reflejo para procesar la injusticia. El autoritarismo clientelar se expresa en la apelación a un pragmatismo simplificador que postergar la solución definitiva de las demandas, a la irreflexión, al personalismo exacerbado, a la ausencia de la consulta, del respeto al punto de vista del otro. Pizango y muchos de los dirigentes sociales de un país movilizado a punta de bloqueos fueron formados políticamente bajo estos cánones herederos de un país sin acuerdos institucionalizados y con la tentación autoritaria (y violenta) como una suerte de auto-reflejo político.

Pero los operadores políticos no son los únicos “beneficiados” de la herencia de las últimas tres décadas. También lo es un Estado cuyo reflejo es la represión. Se confunde orden con mano dura, autoridad con militarización, gobierno con balas. El Estado también responde a punta de toques de queda, de estados de emergencia, de chuponeos, de ponerse como parte y no como lo que es: el gobierno de todos los peruanos, inclusive de los que protestan.

Los que se computan progresistas dentro del gobierno (y a los "caviares" fuera de él) van creando “mesas de diálogo” y “comisiones de alto nivel”, pero finalmente son soluciones ingenuas, corto-placistas, inútiles bajo las herencias (en los operadores y en el Estado) mencionadas. En cada Comisión Alto Nivel, en cada Mesa de Diálogo, el Estado se va saboteando a sí mismo, va creando instituciones paralelas, para-estatales (alguien me dice cuál es el sustento legal de una Comisión de Alto Nivel?), que hasta podrían tener un efecto positivo en el incremento de la conflictividad: ahora todos quieren patear el tablero para conseguir sentarse en la avenida 28 de Julio. Un diálogo sin instituciones (carajo, tanto consejo de coordinación regional, local, presupuesto participativo, mesa de lucha contra la pobreza por las huevas) es un país que va a seguir teniendo Arequipazos, Moqueguazos, Baguazos, las mismas portadas en el kiosko de la esquina cada vez que regreso a Lima.


Ps. Entrevista que tuve con Marco Sifuentes, desde la comodidad de Lima (por lo menos mas cerca, no? antes lo hacia desde Indiana). Para los criticones: pronto desde el mismo lugar de los hechos.

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Saturday, May 16, 2009

El analista reina-de-belleza (II): Los conflictos sociales

El analista reina-de-belleza tiene también la respuesta de siempre para los conflictos: la pobreza. "A más pobres, más conflictos". La pobreza no merece diagnósticos, no? Es más: cómo se le ocurre a alguien cuestionar siquiera que la “pobreza incuba la violencia”. Pero en fin, siguiendo la misma lógica, vemos que la pobreza está en todas partes, pero no en todas partes hay conflictos.

Y si no es la pobreza, es la desigualdad. Para aquellos que la proponen como variable explicativa, el crecimiento económico agranda las brechas entre los que tienen y los que no, y sacan la fórmula de turno: "a mayor crecimiento, más conflictos". Eligen los casos que más les convienen y ya está. Algunos inclusive se la pueden dar de sofisticados y encontrar relaciones no-lineales, monotónicas, etc., pero siempre en base a variables económicas. El problema es que tratan de encontrar en este tipo de variables –estructurales, de largo plazo, de largo alcance—la explicación de coyunturas determinadas. Simplemente es absurdo: ¿Cómo se puede explicar el incremento de conflictos de un mes para el otro apelando a las estructuras? ¿Acaso la distribución de la riqueza varía tanto de un mes para otro de modo que pueda afectar en un cambio tan inmediato la conflictividad de un país? ¿Es que los promotores de las protestas están con un ojo en la bolsa de valores para de acuerdo con ello organizar o no el paro de la semana? “Jalado” en sentido común (pero clasificaron para las OlimpiadasEscolares de Matemáticas).

Sucede que “echarle la culpa” a la pobreza y a la desigualdad, a las estructuras en general, es “nice”, es políticamente correcto, es “progre”, te bajas en una a “Alan “y al “capitalismo salvaje”. Mostro. Pero es finalmente una respuesta de reina de belleza. El la-pobreza-es-la-culpable suena a busquemos-la-paz-mundial. “Cómo no va a ser si la pobreza está en todas partes!”, diría consternado nuestro sensible analista. Pero claro si alguien dice que se trata de operadores políticos que están detrás de los conflictos, eres simplemente un “facho”, “un conservador”, “un derechista”.

La teoría de la movilización de recursos (Olson, Zald) y de la estructura de oportunidad política (McAdam, Tarrow) ponen énfasis al papel de los operadores políticos, el soporte organizacional y la capacidad de recursos para la movilización como los factores que ayudan a entender los conflictos: pobreza hay en todas partes, diría Zald, pero no en todas partes hay conflictos (insisto en esto). Por ello, permanentemente propongo analizar el componente de los recursos organizativos para entender estos casos. No es casual que, por ejemplo, las protestas amazónicas recientes tengan el respaldo de organizaciones sociales locales, redes de movimientos indígenas, ONGs, iglesias; no es casual que en los últimos años haya crecido el entramado social orgánico de este sector de la ciudadanía. Finalmente pobreza y explotación siempre hubo en la selva desde la época del caucho, ¿o no? (el próximo post trataré exclusivamente sobre las protestas amazónicas).

Propongo mirar la foto completa y no de manera parcial como promueve el analista-reina-de-belleza. Hay que ver la pobreza, de acuerdo, pero no de manera aislada y excluyente. Ya llevan 50 años encontrando las “causas estructurales” para todo, desde el gobierno de Velasco, Sendero, los outsiders, y ahora los conflictos. La insatisfacción que está detrás de las protestas es finalmente organizada por operadores políticos. Ahí está una variable que aparentemente es “políticamente incorrecta” (“los radicales”, “los azuzadores”), pero que a mi entender es clave para entender el nivel de conflictividad en el país. Ello no debe significar una división entre los progres-sensibles-la-pobreza-es-la-culpable o los insensibles-de-derecha-los-radicales-tienen-la-culpa. Un poco más de variables políticas y de Sartori para las bibliotecas donde pululan los marxistas, y los culturosos. De otro modo, estaremos “más confundidos que Confucio”.

Foto: Giousué Cozzarelli, "más confundida que Confucio".

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Friday, May 8, 2009

Cómo entender los conflictos sociales en el Perú (versión para Marxistas)

Hace más o menos un año escribí un post sobre qué elementos deberíamos considerar para entender los conflictos sociales (al menos en el Perú): la frustración de los que protestan, el involucramiento colectivo que permite resolver los problemas de free-rider, los recursos organizativos que permiten la movilización, la oportunidad política del contexto y la forma (o el “framing”) de cómo “se vende” la protesta. Este argumento fue presentado en diversos foros, ante diversos públicos e inclusive fue motivo de un curso (pronto tendré novedades al respecto). Una de las críticas que se hicieron, de parte de académicos y funcionarios no gubernamentales de tradición Marxista, fue que el modelo era “muy agringado” porque no es posible “modelar” las causas de los conflictos sociales. El “error” en realidad se debe a dos lógicas distintas de fondo: mientras que yo presentaba un modelo probabilístico, los críticos exigían una lógica determinista. Es decir mientras que yo hablo de “bajo qué condiciones es más probable un conflicto”, los otros buscan responder “cuáles son los determinantes” del mismo. Ninguna lógica invalida los resultados que se hallen utilizando la otra.

Las protestas de los ciudadanos en la Amazonía, la toma del rectorado de los sanmarquinos, hasta las marchas vecinales de los barranquinos nos devuelven siempre a la discusión sobre la proliferación y variedad de las protestas en el país. ¿Es posible encontrar un modelo detrás de tanta variedad? Yo confío que sí, y que éste debería ser probabilístico.

Finalmente, para que mis amigos marxistas me entiendan, les voy a traducir mi modelo utilizando a Marx, Lenin y Gramsci: la sociedad capitalista ha creado las contradicciones de clase que encuban la frustración detrás de los conflictos (Marx), que también requieren de liderazgo y de organización para llevarlas adelante y así aprovechar las fracturas en las élites (Lenin), y de una entidad colectiva que dé sostenibilidad a la movilización (Gramsci). Marxismo aplicado a los conflictos sociales. Servidos.

Foto de adn.es

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Monday, May 4, 2009

La cara NO es lo de menos



En las últimas semanas se produjo un debate (¿?) a partir de una portada (y reporte) del diario Correo sobre las limitaciones de la congresista Supa en el manejo del idioma español. Para muchos se trató de la expresión “racista” del director de dicho diario hacia la congresista cusqueña; para otros fue una denuncia periodística sobre la calidad de la representación nacional. Creo que en general, es difícil precisar con certeza si estamos ante un hecho de “discriminación (racial)”. Y no es motivo de este post entrar a esa discusión porque me parece que siempre ganará la posición “políticamente correcta”. Todos sabemos que discriminar es “malo”, no? Entonces por ahí no va el debate. Por el otro lado, siempre alguien acusado de hacerlo puede defenderse. No hay salida al respecto.

Sin embargo, creo que detrás de la discusión se han evidenciado dos concepciones distintas de representación política. Por un lado, la “representación reflejo” (Pitkin, 1967) según la cual el representante debe reflejar y parecerse lo más posible a sus representados. Y por otro lado, la “representación elitista” (Schumpeter, 1942) según la cual son las élites las que deben tomar las decisiones. Extrapolando la interpretación a nuestro caso, los que argumentan en el primer sentido dirían: Supa, con sus limitaciones en el español y con su dominio del quechua, expresa y refleja lo que es el “Perú real”. Los segundos dirían que no, los que deben tomar las decisiones y estar sentados en el Congreso deben ser las elites educadas pues son los que tienen los elementos para tomar las mejores decisiones de gobierno. La primera posición diría que existe una sabiduría popular, que está en el sentido común, en el conocimiento empírico de la vida cotidiana. La segunda diría, que el pueblo es ignorante, que no sabe tomar decisiones, y que se requieren personas informadas y especialistas para el beneficio del país. No creo que podamos decir cuál es la correcta, pero si cuál preferimos. Es un eterno debate. Cuestión de elección.

En la línea de la representación como reflejo, les paso el link de un artículo que acaba de salir en el Public Opinion Quarterly. Bailenson y colaboradores en “Facial Similarity between voters and candidates cause influence” muestran los hallazgos de experimentos realizados en varios momentos antes de la última elección gringa. El artículo muestra que (sobre todo cuando los electores no tienen información sobre determinados candidatos) la similaridad facial entre el votante y el candidato tiene mayor significancia que otras variables (filiación partidaria por ejemplo) para elegir al representante. En otras palabras: la cara importa!

Este estudio obviamente tiene limitaciones, y no hay que tomarse como determinante (no lo interpreten que en el 2001 votamos por Toledo porque se parecía al “median cholo”, no generalicen pues). Pero es una pista por donde explorar, en discusiones que están llenas de dimes y diretes, prejuicios y acusaciones, “racistas” e “correctas”. ¿Cómo se imaginan un estudio similar en el Perú? Si en el 2006, los que defienden a Supa hubiesen tenido que votar entre ella y Luciana León (ambas debutantes en política para entonces), ¿por quién lo hubieran hecho?

Abajo: Fotos de uno de los experimentos del artículo citado.

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Sunday, March 15, 2009

Mi memoria no es la tuya: respuesta a la frivolidad intelectual del GCC

Hace alrededor de una semana escribí un post que ha causado más atención de la que me hubiese imaginado. He vuelto a leerlo luego de varios días (a los textos hay que dejarlos "descansar", tomar distancia de ellos) y, a pesar de las críticas (1 y 2), me reafirmo en lo señalado: la memoria del peruano promedio (de la mayoría de peruanos) no es la que los sectores progresistas del país quisieran (ni la que yo desearía, personalmente).

Para justificar este argumento usaré evidencia producida por el Instituto de Derechos Humanos de la PUCP, de quienes nadie dudaría la legitimidad y limpieza de sus datos.

David Sulmont, en un artículo publicado en Memoria, Revista del IDEHPUCP, analiza los datos de una encuesta aplicada en Ayacucho, Huancayo, Huánuco, Tingo María, la ciudad de Lima-Callao, las ciudades de Arequipa, Chiclayo y Cusco.

Ante la pregunta: “Para que no vuelva a repetirse esta violencia, ¿cree usted que es mejor recordar lo que pasó o cree que es mejor olvidar y no remover el pasado?”. Las respuestas son las siguientes:


Los datos hablan por sí solos: conforme uno se va alejando de Lima y de los centros urbanos, y va penetrando sobre todo en las zonas afectadas por la violencia política, el porcentaje de ciudadanos que considera que “es mejor olvidar y no remover el pasado” es mayor. Les pido que se fijen sobre todo en las regiones Huánuco, Junín y Ayacucho; precisamente las más golpeadas.

Me han acusado de “reaccionario” y que sostengo mis argumentos solo “para llamar la atención”. Parece que la controversia no proviene de mis textos, sino de la propia realidad. En palabras del propio autor del artículo citado: “Respecto de la necesidad de mantener presente un recuerdo del conflicto, las opiniones son más controversiales. Como se ve en la tabla 16, “recordar lo que pasó” como una forma de evitar la violencia en el futuro es una opción ligeramente mayoritaria en las zonas menos afectadas por el conflicto, mientras que la alternativa de “mejor olvidar el pasado” resulta ser la más importante en las localidades más afectadas”. (p.25)

La línea argumentativa de mi texto publicado en Utero.pe se basa en este tipo de evidencia: las tendencias mayoritarias en la población superponen el olvido (espero que por el momento) a la memoria. Las causas sociales a favor de la memoria no son populares. Y esto es un llamado de atención y no un deseo personal. Como sostuve en el post mencionado, si este tema fuese una demanda social compartida por las mayorías, simplemente el actual gobierno no se hubiese atrevido a oponerse al museo de la memoria. Si las demandas por la memoria fuesen sentidas por la mayoría de peruanos, los partidos no se hubiesen atrevido a no pedir perdón por las atrocidades que cometieron cuando fueron gobierno (lo que lo señalé anteriormente aquí, fue “linkeado” en el debate, pero nadie le dio bola). Si la memoria por el pasado importara, finalmente, no hubiésemos re-elegido al peor Presidente que hemos tenido en los últimos treinta años.

Con esto yo no quiero desvirtuar las demandas de los promotores de derechos humanos, sino llamar la atención sobre una realidad que aquellos parecen desconocer. Lo que propongo en el post cuestionado es precisamente tomar nota de estos hechos para cambiar de estrategia:

No es que (los “promotores de la memoria”) tengan que quedarse callados, pero sí cambiar de estrategias, pensar más en el largo plazo, no morirse de ansiedad, esperar.

Lastimosamente se confunde un medio (el museo de la memoria) con un fin (la construcción de una memoria común a todos los peruanos). En ningún momento cuestiono la utilidad del museo de la memoria. Para empezar, mi post no es sobre el museo (como muchos lo han interpretado), sino sobre la memoria nacional en su conjunto. Cuando lo menciono (dos veces en el texto!!!) es para señalar un ejemplo de causas sociales que no tienen soporte popular. Pero de ahí no se desprende que en su impopularidad justifique su inutilidad o improcedencia.

Mis críticos han encontrado “falacias” y errores “lógicos y éticos” porque al re-apropiarse de mi texto, descontextualizando, ellos mismos han producido tales desconexiones. Repito, mi post no es sobre el medio, sino sobre el fin. En ningún momento considero que como el museo no es popular, no debería realizarse (lo cual llevaría obviamente a falacias ad populum), sino que “llegará el día en que las introspecciones al pasado sean más enriquecedoras. Ahora todavía no” (¿Cuál es el sujeto de esa oración?). Eso no es un “todavía no” al museo de la memoria; sino a que las “introspecciones al pasado” no son “tan enriquecedoras” como supondría una memoria general colectiva compartida.

Sin embargo, no considero mi texto perfecto, ni creo tener la última palabra. Si es que mis argumentos son fácilmente manipulables o no han sido comprendidos fácilmente, es porque es un texto con carencias. Pero de ahí a catalogarme de tener “errores éticos” o ser “reaccionario” me parece simplemente un abuso y tergiversación digna de prensa amarilla. Reconozco también que mi estilo puede ser antipático. Creo que precisamente es la forma y no el fondo lo que ha generado tantas reacciones, y tanta mala leche.

Con permiso de una querida y crítica amiga, copio su observación al respecto. Creo que ella la tiene más clara:

…ayer revisé los comments en que se fueron contra ti en el GCC. ... Estoy de acuerdo contigo: cómo le dan tanta atención a tus textos provocadores. Respuesta: al deconstruir discursos (textos), reafirman su verdad, y salen campantes ganadores porque demuestran que tienen la autoridad razonante y, por oposición, facilito, refuerzan su punto de vista sobre el hecho. Pero también tú les das cuerda... y ahí el asunto ya es contigo. Creo que en el fondo tienes razón, pero la "manera", la "manera"... todo se cocina con el cómo. Si dijeras lo mismo pero en registro formal, otro sería el cantar… No dejes que se ganen con tus talones de Aquiles. Ya lo dijo Celestina: "quien entrega el secreto, entrega la libertad". Ahora estás un poco preso de toda esta gente. Obligado a responder, obligado a adoptar poses...

Para que quede claro: NO estoy en contra del museo de la memoria (nunca lo estuve!). Pero más que preocupado por él (que en realidad nadie sabe qué será, como será, quien lo administrará, etc., pero ese es otro debate); me preocupan los procesos sociales de la construcción de la memoria; mientras que a la gente del Gran Combo Club (GCC) le preocupa si mis argumentos son ad populum, falaces, de dónde provienen mis fuentes de financiamiento, y mis errores ortográficos. Si resulta que soy frívolo por mi estilo (es un riesgo, lo admito y lo asumo), algunos son frívolos intelectuales enquistados en la retórica y no en los temas de fondo. Miren más allá de un museo, para que no sean cómplices del elitismo miope que tanto profundiza los abismos entre las supuestas clases intelectuales y el “peruano promedio”. A la gente no le interesa si mis argumentos son falaces o no.


Qué pena que el debate promovido por el GCC se haya convertido en “cómo le sacamos la mierda a Meléndez” (sick), y no en por qué la gente que más sufrió la violencia prefiere olvidar y no remover el pasado.

Pd1. Aprovecho la ocasión para solicitar a los amigos de IDEHPUCP –con quienes he colaborado en varias ocasiones-- la base de datos de la encuesta mencionada. Creo que sería muy interesante ver cómo se diferencia la población por edades, clases sociales, y otras variables. Hay muchas hipótesis que podrían ser debatidas al respecto. O en todo caso sugerir que alguien la trabaje mas a fondo.

Pd2. Acaba de terminar mi “spring break”, así que la frecuencia de mis posts no será tan intensa como en la última semana.

Actualización

Guarismos ad populum
Adjunto dos análisis sesudos (El Morsa y Jomra) sobre la encuesta de la Universidad de Lima (como para no guiarse solamente de los titulares, como muchos “analistas espontáneos”). Claro que tienen sus limitaciones, porque no se cuenta con la base de datos como para saber si las relaciones que se hallan son significativas. Aunque para muchos, las encuestas están desvirtuadas como base para construir argumentos, porque provocarían falsedades ad populum.

The Economist is “caviar”
Coherencia señores del The Economist! Cómo es posible que en dos semanas pidan la legalización de las drogas y un museo de la memoria en el Perú. Eso no es serio. O son caviares o están con Aldo M. No pueden ser las dos cosas al mismo tiempo. Godoy resume el debate. Lo más recomendable: el “frívolo” Jaime Bedoya y la comprensión desde la Historia de Valdez.

Sobre el Pensamiento Meléndez (sick)
Una nueva especie de científicos sociales (¿?) ha aparecido en la blogosfera: los “melendólogos” (jorobólogos?) . Se caracterizan por dedicar harta tinta virtual diciendo lo mismo (“Meléndez es un bruto”), pero justificándolo de mil maneras distintas. Utilizan abreviaturas barrocas como signo de distinción (“Vd.”) y mandan emails faltosos a mis amistades (si tú, no te hagas, tú). Bueno, a estos no los linkeo porque no quiero aburrirlos pes…además ustedes ya saben…creo que ahora deberían cambiar de nombre salsero y ponerse La Misma Gente.

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Sunday, November 9, 2008

La cultura-política-según-Yo 1. Cómo se estudia Cultura Política y no se debería estudiar.

Dejando a un lado mi consciente ego-trip de los últimos posts, vuelvo a los temas “serios”. Acabo de recibir el programa del Seminario de Cultura Política en el Perú organizado por la Red (sic) para el Desarrollo de las Ciencias Sociales y creo que las ponencias que se presentarán son el pretexto para debatir sobre cómo se estudia “cultura política” en el Perú, cómo no se debería estudiar y cómo (también) se debería hacerlo.

Aunque en la invitación del seminario se dice que participarán investigadores de diferentes disciplinas (sociología, antropología, psicoanálisis, literatura, filosofía, historia, comunicaciones y ciencia política) me da la impresión que la “escuela” de análisis de la cultura (¿política?) que se promueve en el país, y cuyo expresión es este seminario, pertenece solamente a la vertiente “antropológica” del análisis de la cultura política, basada en “estudios de caso”, hecha a partir de grandes y extensas descripciones, generosas en el detalle (si están bien hechas), envidiosas de la narratividad literaria, pero que en todo caso dependen generalmente de la mirada del investigador. Si uno lee el programa se dará cuenta que la gran mayoría de ponencias prometen “estudios de caso” y, precisamente por ello, un gran protagonismo del investigador antes que del objeto de estudio.

El estudio de la cultura política en el Perú, como lo demuestra este seminario y la mayoría de publicaciones, ha tenido y tiene un corte personalista, casi diría egocéntrico. Se trata básicamente de la interpretación que el investigador hace en base a entrevistas (u otras técnicas de metodología “hermeneútica”) para “desentrañar” gracias a la luminosidad que él solo ve, aspectos “curiosos” –la mayoría de las veces “pintorescos”-- de la realidad, como podrían ser los “huachimanes”, “el patrón”, “el marica afeminado” o “Jaime Bayly”. Respeto este tipo de trabajo –cada vez que está bien hecho, obviamente--, aunque algunas veces su importancia me parece secundaria. Lo que sí critico es que a partir de este tipo de análisis de estudios particulares, aislados, perdidos como oasis, se tengan y promuevan pretensiones de “generalidad”. O sea, que a partir del estudio “de la secretaria y de la mesa de partes” de unos cuantos casos, tengamos una opinión general de las “relaciones cotidianas entre el ciudadano y el Estado”; que a partir de un estudio sobre movilizaciones de grupos de izquierda en las calles de Lima tengamos una idea concisa “de la masculinidad peruana”; que cuatro testimonios me den una idea de cómo fue la violencia política en el Perú. Ello resulta a todas luces pretencioso, y con falta de rigurosidad podría ser hasta ofensivo.

El enfoque “antropológico” –que es el que ha primado en el país—exagera la homogeneidad de la sociedad que estudia, tiene una visión estática de la sociedad que analiza, obliga a la comunidad académica a confiar terriblemente –fatalmente, diría—en el juicio de los autodenominados expertos de la cultura (inhibiendo las posibilidades para otros científicos sociales de replicar la investigación), creerles, confiar plenamente en ellos…( y cómo cuesta hacerlo sobre todo si la mayoría tienen en común la ausencia de “calle” y “de cerro”) .

¿Hay alguna la alternativa? Obvio. El “behavioral approach” a la cultura fue desarrollado inicialmente por la psicología americana y potenciada por la sociología y sobre todo por la ciencia política (“cuantitativa”, “gringa”, “neoliberal”, “seria”, de “large-N”, como quieran llamarla). De acuerdo con esta perspectiva, la cultura existe en la mente de los individuos. No da por sentado uniformidad, estabilidad ni coherencia en las actitudes de los individuos que integran una sociedad, y la mejor manera de estudiarla es a través de bien llevadas y rigurosas encuestas. The Civic Culture de Almond y Verba (1965!!!, no es ninguna novedad!) es la piedra angular de este tipo de análisis para los politólogos.

Si el objetivo es desarrollar y poner a prueba ideas generales sobre, por ejemplo, el impacto de la cultura política en la democratización de determinado país (“por qué somos autoritarios o no?”), lo más aconsejable es este último enfoque. Si nuestra intención es saber por qué restringen el acceso a las empleadas domésticas en las playas de Asia, sería mejor un estudio de inmersión del analista social con bronceador y piña colada, pero claro, sus conclusiones sólo serán válidas para el caso de esta playa de moda (inclusive así, yo recomendaría hacer una encuesta dentro de los dueños de las casas de playa de Asia, para tener una idea certera, precisa, y evitar análisis-de-cultura-política-según-mi-ojo).

Ahora si me dieran a elegir entre ambas perspectivas, yo creo que la aproximación cuantitativa es la más pertinente para describir y analizar la cultura política, porque a través de encuestas bien aplicadas se captura mejor la diversidad de opiniones, percepciones, creencias de determinadas poblaciones, considerando sus tendencias centrales y sus dispersiones.

Hay estudios serios y cuantitativos sobre la cultura política en el Perú. Pocos, pero hay. Lamentablemente, no están incluidos en este tipo de seminarios (por más que se promete una sola ponencia sobre “la cultura política desde la ciencia política), lo cual lleva a empobrecer el debate, y va en desmedro de la tan prometida interdisciplinariedad y de la participación en ella de la nueva licenciatura de ciencia política. Una posible hipótesis de la abundancia y desequilibrio a favor del enfoque “la-cultura-según-yo” podría ser la ausencia de una tradición de estudios cuantitativos en las facultades de ciencias sociales del país. Este “temor al Baldor” inhibe a muchos estudiantes de ciencia política a explorar seriamente un amplio sector del análisis político que hemos dejado casi exclusivamente en manos de literatos, comunicadores, psicoanalistas y narradores de cuentos.


Foto tomada de: www.elpollodelareja.blogspot.com

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Wednesday, October 29, 2008

Simon y los conflictos sociales: “Yo no me llamo Javier”

Yehude Simon se estrena esta semana como el “bombero” oficial del gobierno para “resolver” los conflictos sociales en el país. Considero que Simon es un “factor político” que influye, por lo menos coyunturalmente, en el súbito incremento de los conflictos sociales. O en todo caso en la notoriedad que muchos han adquirido en los últimos días. Es posible pensar que su nombramiento como nuevo titular de la PCM ha sido interpretado como un “incentivo” para protestar. Simon es en sí mismo una “oportunidad política” para los protestantes y muchas de las aparentemente “virtudes” que justificaron su designación pueden jugar, desde el lado de los movilizadores de los conflictos, como argumentos en contra. Veamos cómo es esto posible:

1. Tiene un pasado político (“radical”). Me conmueve las declaraciones de hace unos días de Simon cuando se refiere a los frentes de defensa, considerándolos “anti-democráticos”. Antes de ser elegido diputado en 1985, Simon era, para usar sus propias palabras, “alguien que violaba las reglas de la democracia”. Fue uno de los principales dirigentes del Frente de Defensa de Lambayeque (FEDEL), y precisamente su protagonismo en la defensa de las demandas populares de esta región lo llevó al Congreso en 1985. (Obviamente, a su retorno en el 2003 como Presidente Regional, prescindió de su pasado).

Simon conoce muy bien a sus “ex colegas”, pero sus “ex colegas” conocen a Simon. Precisamente por ello, Simon juega a “desconocerlos” y práctica una prédica descalificadora con respecto a los protestantes. Creo que Del Castillo incluso podía resultar menos ofensivo (“si alguien toma carreteras, tiene que ser detenido”… y luego te quejas de que estuviste injustamente en la cárcel!). En su discurso, Simon niega su pasado, pero no convence. Sobre todo a los que llama “azuzadores”. Lo que es peor, puede despertar decepción y bronca, e incentivar de este modo la permanencia de los conflictos en los ya movilizados. (“Qué se habrá creído éste!”)

2. Será un cambio “hacia la izquierda” (en comparación con Del Castillo). Por más que haya llevado a los salones de 28 de Julio a amigos progresistas (por ejemplo, Leyton), la política general del gobierno no va a cambiar. Es iluso pensar que ello sucedería. Simon no tiene ningún poder frente a la política económica y redistributiva. Este es un hecho que se comprobará con más contundencia conforme pasen las semanas. Pero ya que es interpretado como un giro de izquierda (así es vendido por el propio García Pérez y por los analistas que se emocionan por conocerlo desde la Apafa del colegio de sus hijos), se cree que será más receptivo ante las demandas sociales (las cuáles se expresan a través de los conflictos, ya que no hay otra forma de intermediación política en el país). Una mano en el pecho: Simon no tiene la capacidad para atender los requerimientos convertidos en violencia, y seguirá siendo el “bombero” apagaincendios, con el agravante que quizás tenga menos habilidades que su antecesor.

3. “Viene de provincias”. Precisamente como viene del “interior del país”, se supone que conoce mejor la política de frentes de defensa, de reivindicaciones regionales, del bloqueo de carreteras. Esto es claramente falso. Quizás conoce tal igual que cualquier otro esta realidad. Al no haber proyecto alguno estructurado a lo largo del país, el tipo y los actores de la conflictividad distan bastante de una realidad a otra. Mientras que desde Lima y la prensa nacional se “homogeniza” a los “radicales”, en provincias la diversidad de los actores, de los incentivos y de los motivos es tal, que ni Rafo León que para recorriendo el país como si fuera su chacra puede reconocer. (Se viene un post sobre los programas de viajes para pitucos: “El país es mi chacra”)

4. “Es nuevo”. Precisamente alguien nuevo en este cargo de importancia, es el incentivo perfecto para iniciar protestas (Cajamarca), volver a legitimar acuerdos en base a una nueva correlación de fuerzas (Moquegua) o simplemente llamar la atención. Dado el bajo nivel de institucionalización en el país, sobre todo a nivel de acuerdos como los “inventados” a través de las Actas de Compromisos y la Comisiones de Alto Nivel (¿alguien me puede explicar cuál es el alcance y la legitimidad legal de éstos?), la consecución exitosa de requerimientos se consigue más por iniciativas personales que por la canalización institucional de las demandas. En otras palabras, no depende de los procedimientos estatales, sino de quien ocupe los puestos claves. Al haber nuevo Jefe del Consejo de Ministros, se buscan nuevos posicionamientos, levantando nuevas demandas o simplemente buscando que lo “ganado” no se pierda ni se vaya en los folders de Del Castillo.

En conclusión, Simon es un imán que atrae clavos, de por sí sólo un “factor político” que incentiva a los protestantes para iniciar conflictos o radicalizarlos. La ecuación de los siguientes elementos: “nuevo” + de “izquierda” + de “pasado radical” + “de provincias”, se traduce desde el lado de los mal llamados “azuzadores” como: “ya está Yehude, veamos que sacamos, armemos chongo”. El pasado condena de diversas maneras, y eso es algo que se le enrostrarán a Simon, ex miembro del Frente de Defensa de Lambayeque, todos los días. No quizás como la crítica más fácil lo hace (ya mencioné que asociarlo con el MRTA es un golpe bajo), sino como sus “ex colegas de los frentes regionales” se lo recuerdan todos los días. Mientras, Simon intenta rechazar abruptamente su pasado, “limeñizarse”, no reconocerse en el espejo, hacerse el “yo no fui”, cantar “Yo no me llamo Javier (Diez Canseco?)”. Pero quizás ésta no sea la mejor estrategia. Sino entrar a la cancha en one (no me vengas con esa de “para la huelga, que sino no dialogo”, eso es faltosazo).

Sound-track de Los Toreros Muertos, un clásico de los ochenta, popularizado por el maestro Adolfo Chuiman en “Quién soy yo? Papá” (Vamos imponiendo el chongo-análisis, que tal?).




Ps. Me pasan el dato que en momentos que colgaba este post, mi amigo Chanti debutaba como analista de conflictos sociales en el Canal 7. He vivido en vano.

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